Estábamos repasando la parcela más afectada por caíllos, cuando levanto la vista y veo la columna de humo salir justo desde donde la cosechadora está segando triticale. David y yo pensamos en lo mismo. Que no sea la máquina. El cereal al menos está asegurado y esa parcela está casi por terminar. 

Salimos corriendo con el todoterreno, llamando a Jose y su hijo, que estaban trabajando con los aporcadores enganchados a los tractores. Pero no hizo falta decirle nada. Ya habían salido a toda marcha para hacer un cortafuegos en el cultivo aún en pie. 

En cuestión de minutos habían rodeado el fuego varias veces con el tractor y habían salvado la situación. Como se levantaba el viento, el rastrojo no hubo manera de salvarlo, pero el triticale se salvó por completo. 

Cuando ves a las personas dar lo mejor de si mismos por salvar el fruto de su trabajo de todo un año te hace sentirte orgulloso de tus compañeros. Y valorar la buena gente del campo, que tantas horas y esfuerzo dedican y tanta sabiduría acumulan.