Finales de febrero y el campo está de revolución. Nuestro querido sector sale a la calle por decenas de motivos. Desde la falta de rentabilidad hasta la burocracia asfixiante. Y nosotros tenemos que seguir trabajando para facilitar la vida a los agricultores. Es llamativo que, nada más ver los tractores en la calle, los políticos prometan eliminar normas de brocha gorda. Por ejemplo la prometida eliminación a ciegas de fitosanitarios (gracias a los cuales damos de comer al planeta) o simplificación de la burocracia. Ojalá se tomen en serio las promesas. Porque hasta en los gabinetes más especializados en gestión agrícola se hacen incomprensibles y laberínticas las nuevas limitaciones y condicionantes ideadas en despachos desde hace unos meses hacia acá.

En el campo, mientras tanto…

Nosotros, mientras tanto, seguimos con nuestras obligaciones. Estas semanas, en las visitas que realizamos a campo, realizamos fotografías a las cubiertas vegetales. Hacemos la labor de auto vigilancia que nos asegurará el cobro de la ayuda por mantenimiento de cubiertas. La campaña 2024 de la PAC ya se ha iniciado y en la aplicación del móvil ya nos aparece, gracias a los gestores de ayudas más eficientes.

El campo está en la primavera adelantada. Más aún en Huelva, donde hemos visto incluso alguna trama de olivar abierta. Menos más que las heladas por allí no afectan. Es interesante observar los diferentes estadios de floración a lo largo del Valle del Guadalquivir y entender desde el inicio del ciclo el porqué de las distintas fechas de maduración de la aceituna. También en Córdoba se adelanta todo. Algunos naranjos han florecido como si estuviéramos en Semana Santa. No todos, pero sí los que más sed pasaron la campaña pasada. Casi nos cogen la vez para la toma de muestras de hoja en parada invernal.

Las nuevas plantaciones de olivar en seto previstas para el invierno están en ocasiones a la espera del agua disponible en las comunidades de regantes y todos esperanzados en una primavera lluviosa que nos ayude a pasar el verano con cierta normalidad, que tanto vamos necesitando.