Esta semana he tenido sensación de vuelta a la normalidad en el campo. Aunque no llegará del todo hasta que los niños estén incorporados a sus coles, pero el teléfono ya suena como si no estuviéramos en agosto. 

En el campo hemos terminado por fin la cosecha de los almendros. Con buenas producciones, aunque con rendimientos en pepita algo inferior a lo esperado, probablemente por lo prudentes que hemos tenido que ser con el agua durante toda la campaña. 

Hemos probado una nueva máquina poda bajeras en los olivos. La tranquilidad de contratar a buenos profesionales es siempre una garantía. Tuvimos que decidir entre dar un pase más lento o dos más rápidos, pero el daño en los troncos por la velocidad nos hizo optar por un solo pase. 

Casi por mera curiosidad, tomamos muestras de aceituna en arbequinos de Huelva. Nuestra sorpresa fue que en el laboratorio tuvieron que hacer el análisis por tres métodos diferentes, ya que no pensaban que pudiera estar tan adelantada. Casi el 30% sobre materia seca y un 14% de rendimiento. Parece que la campaña será temprana. Habrá que ir preparando los equipos. De mosca de olivo, ni rastro, por ahora.

Hemos estado repasando media provincia de Jaén en busca de vibros que se adapten a las explotaciones. La buena noticia es que es muy difícil decidirse entre tan magníficos fabricantes que encuentra uno en muchos pueblos de Andalucía. Buguis, vibros frontales, vibros traseros… soluciones para cada marco de plantación y para cada finca. Qué gran trabajo se está realizando. 

Los ojos puestos en los contadores de agua. Y racionando el agua de aquí a final de campaña. Muchos naranjos habrán agradecido este año que su dueño haya aportado 4.500 m3 en lugar de 5.500. Otra cosa será el año que viene. Ya anuncian que si la campaña viene seca, vamos a tener que pedir el agua con cuenta gotas. La araña roja va despertando en algunas parcelas, tras el susto de los 44 grados que se llevó a mediados de agosto.

Y lo que más ilusión nos hace, los agricultores que apuestan por reconvertir, por plantar en seto, por creer en su gente y en su tierra. Por seguir confiando en el campo, en lugar de verlas venir y quejarse. Ahí estamos dando todo nuestro apoyo.