Estamos llegando a ese momento del año en que los riegos se estabilizan. Quedan atrás las puestas a punto, han salido todas las averías del invierno, hemos ido subiendo poco a poco las horas de agua y nos estabilizamos en una cantidad de agua semanal, que será la que tengamos durante el verano. Este año posiblemente algo menor que en otras campañas, aunque quizás alguno se sorprenda de que los árboles respondan mejor de lo esperado a una restricción. Recuerdo concretamente unos árboles en la carretera de Palma a Hornachuelos que están limitados por el contador y que no se pueden regar más de 3000 m3 al año. Qué feos se ponen todos los veranos, pero qué bonita producción dan. Mejor que otros a los que nos empeñamos en regar y regar y probablemente nos equivoquemos. 

En una finca de olivar en Huelva, el hecho aparentemente tan tonto como poner un contador a la salida de la balsa nos va a dar información vital para el desarrollo de la campaña. Cuánto se evapora, cuánto nos queda, cuánto dosificar el riego por semana. No sabéis qué tranquilidad. Hay que racionar pero hay que hacerlo con números. 

Ya tenemos la aceituna gordita. Tanto, que da alegría verla. Alguno dice que ya mismo está para echarla en sal. Un poco exagerado, pero sí que ya mismo se le está formando el hueso. Tiempo para aprovechar con el abonado nitrogenado. 

En general en las trampas de prays nos está cayendo poca gente. Más tijeretillas que prays. Recuerdo que la campaña pasada teníamos muchísima población por todos sitios, y aún así el daño no fue excesivo. 

Y ya estamos en casi todas las fincas atacando la primera generación de piojo en naranjo y mandarino. Con diversos productos, aunque la oferta cada vez es más limitada y en horas frescas para no dañar la naranja. Es uno de esos tratamientos en los que te das cuenta de cómo se está profesionalizando cada vez más nuestro sector. Y eso es una magnífica noticia.