Desde la ventana de la oficina estoy viendo formarse las tormentas en la campiña cordobesa. Típico de septiembre. 

Somos pocos los que seguimos encabezonados en el algodón. Y cada año vuelve la época de la cosecha con las mismas dificultades de siempre. Tenemos que hacer encajes de bolillos para encontrarle la rentabilidad al cultivo, pero no queremos desperdiciar las ayudas. ¿Y si renuncio al cultivo y me fijan los años de referencia para una nueva PAC? En fin, el dilema de siempre. 

Esta mañana nos invitó Joaquín Echávarri a seguir aprendiendo de la colza. Habrá que seguir buscando otros cultivos. Más de una vez lo hemos intentado ya, buscando alternativa a las pipas, y más de una vez también nos hemos dado de bruces. Entiendo que la gente que sigue cultivando colza es porque le ha pillado el tranquillo. Tienen las labores previstas desde que cosechan el cereal, tienen una tierra apropiada y son persistentes. Le ganaran unos años sí y otro no, pero permanecen. Como los buenos. 

Esta semana hemos empezado los tratamientos fungicidas a los olivos y a los naranjos. Que la lluvia y las altas temperaturas ya sabemos lo que traen. La mosca no parece que esté muy activa, quizás algo más en los naranjos. 

Mañana cogemos el petate y nos vamos a Jaén a ver las novedades de Expoliva. 

Parece que con los eventos y las ferias hemos dejado atrás el dichoso virus. Es una alegría que ya no sea ni tema de conversación entre los profesionales del campo. Pues a seguir aprendiendo y a seguir conociendo buena gente. 

Ricardo Aguayo.