Son duras las perspectivas. Los cereales están sembrados y el cielo sigue cerrado. En Córdoba y Sevilla el año se prevé duro. Noviembre es uno de los meses en los que confiamos para llenar la capacidad de campo de los suelos y tenerlos previstos para empezar a tener escorrentía hacia los pantanos. Pero eso no ha pasado. Cada vez que ha venido una borrasca ha pasado de largo. Cuando el móvil anunciaba 30 litros, han caído 3. Lo justo para mojar el suelo y poco más. 

La parte positiva, que la aceituna lleva un ritmo de recolección muy bueno. Cosechadoras, bugguies, vibros, recogefardos y vibrillos de mano están que echan humo. Y los buenos trabajadores del campo no tienen días de descanso. 

Las nuevas plantaciones también van a buen ritmo. Las que teníamos previstas para el otoño ya están terminadas. No quisiéramos gastar agua en un riego de implantación, pero puede que no quede más remedio. 

Puede que la próxima entrada al blog sea de aquellas de: ¡por fín la esperada lluvia! Ojalá, porque si no, todos los maíces, algodones y demás cultivos de verano en regadío se habrán convertido en tristes girasol de secano. Sin grandes gastos en fitosanitarios ni fertilizantes ni labores.