Después de semanas de avería, ver brotar el agua de las entrañas de la tierra es una de las mayores satisfacciones del agrónomo. Cuando en estas fechas un pozo deja de dar agua te vienen todos los interrogantes. Un sondeo es un misterio. Más aún cuando no estuviste allí cuando se construyo, años atrás.

El primer paso es empezar a preguntar a los expertos que han trabajado en él tiempo atrás. Todos ponen su mejor voluntad, pero es difícil dar con los que realmente hicieron la obra inicial. Así que la mayoría de los datos son suposiciones. Que si tantos metros de profundidad, que si no se agotaba en todo el verano, que si da el agua justa para dos sectores de olivos, que si se averió hace dos años y lo arregló fulanito…

Luego vienen las comprobaciones eléctricas, sacar los tubos, pedir presupuestos, sustituir los dañados, y cuando por fin vuelve todo a su sitio, cruzar los dedos. Botón de encendido y… ¡AGUA! Un milagro técnico más en manos de la gente del campo. Los olivos en seto del fondo lo agradecerán.